Vino nuevo, corazón nuevo: por qué la santidad no es aburrida
Alguien decidió que ser santo era aburrido, gris, para gente sin vida. Un montañista italiano de 24 años, alegre y enamorado de todo, vino a probar exactamente lo contrario.
Eleison AI · Juventud, Vida & Pureza · Sábado 4 de julio de 2026
Lecturas de hoy · Memoria de San Pier Giorgio Frassati
Hay una mentira que mi generación se ha creído casi sin darse cuenta: que la santidad es aburrida. Que los santos son personas grises, tristes, que renunciaron a la vida, a la aventura, a la alegría, a divertirse. Que ser "muy católico" significa apagarse. Hoy la Iglesia celebra a alguien que hace pedazos esa mentira: San Pier Giorgio Frassati, un joven de 24 años, montañista, deportista, bromista, guapo, con muchísimos amigos — y santo. Uno de los santos más alegres que ha dado la Iglesia moderna.
El Evangelio del vino nuevo
El Evangelio de hoy usa una imagen que a Frassati le habría encantado: el vino nuevo. Jesús dice que no tiene sentido echar vino nuevo en odres viejos, porque los revientan; el vino nuevo pide odres nuevos. No es una lección de enología: es una imagen de lo que hace el Evangelio en nosotros. La vida nueva que Cristo ofrece no cabe en un corazón viejo, apagado, resignado. Pide un corazón nuevo — capaz de contener algo tan vivo, tan efervescente, tan lleno de energía como la gracia.
Y aquí está la clave que tantos jóvenes se pierden: el "corazón nuevo" que Cristo pide no es un corazón más triste, más apagado, más aburrido. Es un corazón más vivo. La santidad no le quita nada bueno a la juventud — se lo lleva a su plenitud. Frassati es la prueba andante de esto.
Quién fue este joven
San Pier Giorgio Frassati (1901–1925)
Joven laico italiano de Turín, miembro de la Acción Católica y terciario dominico. Amaba el montañismo, el deporte, la amistad y las bromas — y al mismo tiempo dedicaba horas escondidas a servir a los pobres de los barrios más miserables de su ciudad, llevándoles comida, ropa y carbón con su propio dinero.
Sus amigos, sin conocer el alcance de su caridad, lo llamaban en broma "Empresa de Transportes Frassati", porque siempre andaba cargando cosas para subirlas a las buhardillas de los pobres. Murió a los 24 años de una poliomielitis fulminante, contraída probablemente entre los enfermos que atendía. A su funeral acudieron miles de personas — y su familia, que ignoraba su vida oculta de caridad, descubrió entonces a cuántos pobres había servido en secreto.
Frassati no fue santo a pesar de su juventud alegre, sino a través de ella. Subía montañas y ofrecía la cima a Dios. Disfrutaba de sus amigos y los arrastraba, sin sermones, hacia el bien. Vivía la vida a plenitud precisamente porque tenía un corazón nuevo, un "odre nuevo" capaz de contener el vino fuerte del Evangelio sin reventar.
"Verso l'alto" — hacia lo alto
La frase más famosa de Frassati fue "Verso l'alto" — "hacia lo alto" —, que escribió en una foto suya escalando una montaña poco antes de morir. Era su lema de montañista, pero también su programa de vida entero: la existencia cristiana es una ascensión, un ir siempre hacia arriba, hacia lo más alto, sin conformarse con lo mediano ni con lo cómodo.
Eso es exactamente el "odre nuevo" del Evangelio de hoy: un corazón que no se conforma con ir tirando, que no acepta la mediocridad como destino, que quiere subir. La santidad no es renunciar a la aventura — es descubrir que la mayor aventura posible es una vida entregada del todo, sin reservas, "verso l'alto".
o estás subiendo hacia lo alto?
Hoy, en la memoria de este santo joven, vale la pena preguntárselo sin miedo. Frassati te diría que no tengas miedo de lo radical, de lo alto, de lo grande — que la fe no te va a quitar la alegría, sino que es la única que la lleva hasta el fondo. Que no dejes que te vendan una santidad gris y aburrida, porque esa no es la de Cristo. El vino nuevo del Evangelio pide un corazón joven, valiente, alegre. Pide tu corazón — nuevo, dispuesto, "verso l'alto".