Dormido en la tormenta: por qué el silencio de Dios no es abandono
La barca se sacude, las olas parecen ganar, y Jesús duerme. Esa escena, más que un relato antiguo, es un espejo de lo que sentimos cuando el miedo nos secuestra la paz.
Eleison AI · Alma & Bienestar · Martes 30 de junio de 2026
Lecturas de hoy
Hay una escena en el Evangelio de hoy que se queda grabada mucho después de leerla: los discípulos en la barca, el temporal tan fuerte que "la barca desaparecía entre las olas", y Jesús, en medio de todo eso, dormido. No ausente. No lejos. Ahí, en la misma barca, en la misma tormenta — pero dormido.
El miedo que secuestra la paz
El miedo es una de las emociones más comunes, y también de las más silenciosas en su forma de operar. No siempre grita: a veces simplemente se instala, y desde ahí empieza a filtrar todo lo que vivimos — nuestras decisiones, nuestro descanso, nuestra manera de relacionarnos. Cuando el miedo toma el control, cualquier dificultad se siente como el fin: "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!", gritan los discípulos, convencidos de que la tormenta los iba a tragar.
Es una reacción profundamente humana. No hay nada de qué avergonzarse en sentir miedo ante una tormenta real —externa o interna—. El problema no es sentir miedo: es quedarnos atrapados en él, sin recordar que hay Alguien en la barca con nosotros, aunque en ese momento parezca dormido.
Una pregunta que no es reproche
Es fácil leer esta pregunta de Jesús como un regaño. Pero mirándola con calma, es más una invitación que una crítica: una pregunta que abre espacio para que los discípulos —y nosotros— nos demos cuenta de algo que el miedo nos había hecho olvidar: que Dios está presente, incluso cuando parece estar en silencio, incluso cuando "duerme" en medio de nuestra tormenta.
Sobre el silencio de Dios y la salud emocional
Muchas veces confundimos el silencio de Dios con su ausencia. Cuando atravesamos ansiedad, incertidumbre o una crisis personal, y no sentimos una respuesta inmediata, es fácil concluir que estamos solos. Pero el silencio no siempre significa abandono — a veces es el espacio donde se fortalece una confianza que no depende de sentir constantemente la presencia de Dios, sino de saber, incluso sin sentirlo, que Él está ahí.
Esto no sustituye el acompañamiento profesional cuando el miedo o la ansiedad se vuelven persistentes o incapacitantes — buscar ayuda psicológica o médica en esos casos es también un acto de sabiduría y de cuidado propio, no una falta de fe.
Lo que Jesús hace después de la pregunta
Después de nombrar el miedo de los discípulos, Jesús no los deja solos con la pregunta: se levanta, y calma la tormenta. Esto importa: la fe que Jesús pide no es fingir que no hay tormenta, ni negar el miedo que sentimos. Es la confianza de saber que, incluso en la peor sacudida, no estamos remando solos.
El amor de Dios, como bien lo señala este pasaje, no consiste en evitarnos toda dificultad. Consiste en acompañarnos dentro de ellas, y en abrir, muchas veces desde el lugar más inesperado, un camino de calma que nosotros solos no podríamos construir.
en la que sientes que Dios "duerme"
— y qué pasaría si confiaras que sigue en la barca?
Hoy, si el miedo te ha estado secuestrando la paz, no tienes que fingir calma que no sientes. Puedes, como los discípulos, acudir con honestidad: "Señor, sálvame, que me hundo." Esa misma honestidad, sin adornos, es a veces la oración más verdadera que existe.